El paso de los años deja huella en todos nosotros, y los libros no son una excepción. Seguramente has notado que con el paso del tiempo las hojas de los libros periódicos y revistas toman un color amarillento, y mientras más antiguo, más acentuado será este matiz. Pero ¿por qué el papel viejo adquiere este tono?

Esto se debe a la reacción que tienen los componentes con los que están elaborados. El papel está formado de componentes que se vuelven amarillos con el tiempo, al menos cuando están expuestos al oxígeno.


La mayoría del papel está hecho de madera, la cual está compuesta de celulosa y un componente natural llamado lignina, que da a las paredes celulares de las plantas su rigidez y hace que la madera también lo sea.

La celulosa, una sustancia incolora, muy buena para reflejar la luz, lo que significa que la percibimos como blanca. Esta es la razón por la que el papel, incluidas las páginas de todo, desde partituras a diccionarios, es generalmente blanco.

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El gran cambio sucede cuando la lignina se expone a la luz y el aire, lo que hace que su estructura molecular. Es susceptible a la oxidación, un proceso que crea unas moléculas llamadas cromóforos –– que significa ‘portadores de color’ en griego –– que en el caso de la oxidación de la lignina son de ese color amarillo o marrón.

La oxidación también es responsable de un pardeamiento –– proceso por el cual los alimentos toman un color marrón –– de manzana en rodajas cuando se abandona en el mostrador de la cocina.

Los fabricantes de libros y papel son conscientes de ello e intentan eliminar la mayor parte de la lignina de la fabricación para mantener el papel blanco más tiempo. Lo contrario ocurre con las páginas de periódico que, al ser de una calidad menor, tienen más lignina y se vuelven amarillos antes.

Curiosamente, los productores de bolsas de papel marrón y cajas de envío de cartón aprovechan la lignina porque hace que sus productos sean más resistentes. Estos productos no están decolorados, lo q
ue les permite portar su color por mucho más tiempo. Son lo suficientemente rígidos como para cargar productos comestibles, por ejemplificar.

De acuerdo con Susan Richardson, profesora de química en la Universidad de Carolina del Sur:

“Cualquiera puede conservar su anuario de la escuela en perfectas condiciones, siempre que no ingiera tanto oxígeno como luz por tiempo indefinido”.


La única forma de evitar que el paso del tiempo perjudique las páginas de un libro o periódico es mantenerlas lejos del oxígeno, sustituyéndolo por nitrógeno, argón u otro gas inerte, así como de la luz, ya que esta acelera el proceso de oxidación.

“El oxígeno es el enemigo”, dijo Richardson. “La luz solar solo acelera el proceso de oxidación”.