Existe una delgada línea entre invertir y apostar ya que existen muchas similitudes entre los dos conceptos, los cuales tienden a ser confundidos erróneamente por aquellas personas no entendidas en los mercados.

Aquellas personas que nunca han invertido en los mercados perciben la inversión en la bolsa como si fueran las apuestas en el casino, y ese es el motivo por el cual nunca se han animado a hacerlo. Pero invertir de forma diversificada siempre ha sido rentable a muy largo plazo, al menos en los países desarrollados y teniendo el largo plazo a favor.

Existen analogías entre los dos procesos ya que ni siquiera los mejores analistas de mercado saben lo que ocurrirá en el futuro cercano ni lejano, por eso invertir es siempre especular ex-ante en base a una selección de activos más adecuados en un determinado momento del tiempo, pero que difícilmente sean las mejores alternativas ex-post. La especulación es una parte esencial de la dinámica de los mercados.

La definición de invertir es la de colocar el dinero para comprar o gastarlo en algo que ofrece rendimientos esperados positivos ya sea derivados del crecimiento del capital a riesgo bien por los cupones, intereses o dividendos que representan un flujo de caja predecible para el inversor (aunque con riesgos asociados). Los inversores en bonos del gobierno de los Estados Unidos, corporativos o garantizados de alta calificación se han beneficiado de manera similar a largo plazo libre de riesgo, siempre y cuando no sean de vencimientos muy largos. En este último caso estar sujeto a las variaciones en las tasas de interés o en la inflación esperada. En cambio, la apuesta equivale a jugar cualquier juego de azar en donde se pone el dinero o cualquier cosa de valor a riesgo con el resultado relacionado con la casualidad.

En el juego no podemos dejar de mencionar el casino, fuente de la mayoría de los reconocidos juegos de azar. Es allí donde la “banca” o la “casa’’ tiene una ventaja matemática sobre el jugador. Porque las máquinas traga monedas están programadas de antemano o bien porque las probabilidades estadísticas y matemáticas arrojan la certeza a largo plazo de que el jugador perderá en todos los demás juegos, a menos que se le den algunas combinaciones de probabilidades ganadoras muy difíciles de que ocurran y siempre se darán a corto plazo. A largo plazo la lógica se cumple: si se gana al comienzo, lo más probable es que el casino “vuelve por lo suyo” y que este último termine ganando en las partidas posteriores. Por lo tanto, los juegos de azar son en general, una mala apuesta y el jugador se encuentra en desventaja, no importa lo inteligente que sea. La suerte suele llamarse el factor X: puede favorecer el jugador para una apuesta pero la misma es impredecible.

Las probabilidades de ganar de los jugadores (o visto de otra manera las grandes chances de perder) para algunos de los juegos de azar de casino más populares son de apenas 2,7% para un número en la ruleta, del 15,20% en las máquinas traga monedas o del 5% en el Video Poker. Las probabilidades pueden variar ligeramente de un casino a otro, pero generalmente estas probabilidades se aplican y se repiten de un casino a otro y reflejan la desventaja del jugador al jugar estos juegos.

En cambio, las apuestas a los caballos son una apuesta contra otros apostadores, porque las probabilidades están determinadas por la cantidad de dinero que se apuesta en cada caballo.

En el resto de las apuestas deportivas (partidos de fútbol, por ejemplo), las probabilidades se acumulan de manera similar contra el apostador. Se puede además apostar por la diferencia de puntos, es decir el número de puntos que un jugador tiene para dar en cualquier juego impone probabilidades adicionales contra el jugador (y así paga más). Por más que si una persona apuesta en un equipo ganador, si el equipo no gana por la cantidad de puntos, la apuesta se dará por perdida.

En síntesis, apostar es jugar con probabilidades aleatorias en un juego asimétrico donde uno tiene más posibilidades de perder, y la banca o la casa de ganar. En cambio, invertir puede entenderse como un “juego” simétrico según la teoría de los juegos, en donde todos tienen las mismas oportunidades. Obviamente, en la práctica si uno tiene información de mejor calidad que el resto del mercado, las posibilidades serán mayores. Los datos muestran claramente que el juego es una aventura sin salida, y de ninguna manera comparable a la inversión.