Si esta tendencia continúa, tendrá consecuencias negativas a largo plazo en los países en desarrollo, incluida la pérdida de una oportunidad histórica para acabar con la pobreza extrema en la próxima generación.
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Si esta tendencia continúa, tendrá consecuencias negativas a largo plazo en los países en desarrollo, incluida la pérdida de una oportunidad histórica para acabar con la pobreza extrema en la próxima generación.
Millones de habitantes en todo el mundo han podido salir de la pobreza en las últimas
décadas en gran parte debido al alto crecimiento económico en dichas naciones.
En el Grupo del Banco Mundial hemos calculado que las tasas de crecimiento tendrán
que ser superiores a las registradas antes de la crisis financiera mundial
especialmente en Asia meridional y África— para poder lograr un mundo sin el estigma de la pobreza extrema.
Es por eso que me preocupan las proyecciones de nuestro informe “Perspectivas económicas mundiales”, un documento que publicamos dos veces al año. En enero, estimamos que los países en desarrollo crecerían un 5,3 % en 2014. Ahora, hemos bajado nuestros pronósticos a 4,8 %.
Estas revisiones a la baja se debieron en parte al severo invierno registrado en Estados Unidos y la crisis en curso en Ucrania. Pero los presupuestos de muchos países en desarrollo también están en dificultades y los déficits son elevados y siguen aumentando
Al mismo tiempo, los precios de los productos básicos —de los que muchos países dependen como fuente de ingresos— han caído mientras que la inversión y el financiamiento han sido más difíciles de conseguir.
Esto significa que muchos países no tienen margen de maniobra
para enfrentar una crisis, y mucho menos sacar a más personas de la pobreza
También implica que deben hacer todo lo que puedan para evitar posibles perturbaciones como la crisis alimentaria de 2007, que obligó a muchos pobres en las naciones en desarrollo a dejar de comer o vender sus bienes solo para alimentarse
Los Gobiernos de los países en desarrollo deben avanzar más rápidamente e invertir más en las reformas estructurales internas —lo que significa tener prudencia fiscal, crear un entorno empresarial competitivo y, en el largo plazo, invertir en salud, educación e infraestructura— para estimular un crecimiento económico de amplia base e inclusivo. Estas políticas dinámicas beneficiarán a todos los ciudadanos, incluidos los que están en la pobreza o que una crisis puede volver a hacer caer en la indigencia.