La llamada ley Beckham surgió con el objetivo de estimular la economía y atraer a España talento de directivos y profesionales altamente cualificados, entre ellos los principales futbolistas del mercado.
Versión para imprimir
La llamada ley Beckham surgió con el objetivo de estimular la economía y atraer a España talento de directivos y profesionales altamente cualificados, entre ellos los principales futbolistas del mercado.
Eso dio pie al uso de complejos y sofisticados manejos financieros para tratar de cumplir con sus obligaciones fiscales, pero al mismo tiempo garantizar los mayores beneficios a los multimillonarios contratos que firmaban para la explotación comercial de sus imágenes.
Fue cuando la Hacienda Pública en España inició su ofensiva por lo que consideraba prácticas abusivas, basado en un cambio de interpretación sobre las sociedades que gestionan los derechos de imagen de los deportistas y del pago de comisión que algunos clubes hacen a los agentes cuando se acuerdan traspasos o en la renovación de contratos.
La línea que separa prevención con evasión es muy fina en estos casos", le explicó a la BBC Carlos Cruzado, presidente del sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda en España, Gestha.
"En los últimos años la agencia tributaria ha intensificado su control sobre los futbolistas y sus compañías, comprobando si son meramente fachadas comerciales patrimoniales o si en verdad son económicamente activas".
Si bien cada caso en individual, el patrón de las operaciones se repite en la mayoría de ellos: se acusa al jugador de evadir impuestos al vender sus derechos de imagen a compañías ubicadas en paraísos fiscales.
El reciente e interesante debate en torno al CETA ha levantado múltiples cuestiones acerca de los beneficios y costes del comercio internacional, y su aplicación a través de los Tratados de Libre Comercio (TLC).
Los cauces que ha tomado este debate sorprenden pues, si de algo podemos decir que hay cierto consenso en economía, es que la apertura comercial tiende a ser positiva para el crecimiento y la generación de riqueza, al menos en el largo plazo.
Pero que el comercio sea positivo, no quiere decir que por ello esté exento de costes. De hecho, el consenso es que tales costes existen, estando muchos de ellos bien recogidos y estudiados por la literatura.
Por ello, esconder del debate público los posibles costes, no hace sino sesgar el tipo de políticas que se pueden plantear a la hora de que un país se abra al comercio.