Centrándonos en el asunto, vemos que la defensa del libre comercio se basa en un viejo principio: la apertura permite a los países “exprimir” sus ventajas comparativas especializándose en aquello que mejor saben hacer.
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Centrándonos en el asunto, vemos que la defensa del libre comercio se basa en un viejo principio: la apertura permite a los países “exprimir” sus ventajas comparativas especializándose en aquello que mejor saben hacer.
Tal premisa, con una ya larguísima tradición en economía, lleva a que muchos economistas concluyan que la simple apertura genera crecimiento para todos los países. Sin embargo, la investigación reciente (Costinot 2009a, 2009b) indica que, incluso generándose crecimiento, pueden surgir patrones de divergencia muy amplios entre unos y otros.
¿Por qué? Porque lo importante no es sólo la apertura, sino la dotación de factores (humanos e institucionales) de la que disponen los países a la hora de abrirse.
Si bien el hecho de que exista crecimiento en ambos países es a priori positivo, queremos dejar patente que este patrón generaría divergencia entre países.
Es más, el comercio internacional ya hace tiempo que dejó de regirse por las ventajas comparativas “clásicas”. Así, según nos muestra Baldwin (2016), lo que vemos es que la globalización ha alterado de tal modo las estructuras de producción mundiales que el mismo tipo de trabajador dentro del mismo sector, con la misma formación y destrezas que otro, puede ver peligrar su situación laboral a favor del segundo trabajador si finalmente la empresa decide deslocalizar parte de su producción a otros países.
Independientemente de que esto pueda ser o no ser positivo. Creemos que hay que ser conscientes de que esto genera problemas en los mercados laborales originarios ante los cuáles, si no se dispone de una red de protección social, podemos llegar a tener conflictos sociales como los que estamos presenciando en Occidente.
Pensamos que este hecho justificaría por sí solo la existencia de posibles mecanismos compensatorios, aunque no necesariamente la toma de medidas proteccionistas.
Siguiendo con esto, la apertura comercial puede no sólo generar problemas a nivel de individuos sino también territoriales, esto es, la actividad económica puede localizarse en un lugar u otro gracias a la globalización, de modo que se podrían generar desigualdades, ahora, regionales.
La ciencia económica no llega a entender correctamente por qué, si las TICs y la distancia geográfica cada vez parecen importar menos en las transacciones internacionales, los agentes económicos tienden a concentrarse más y más en lugares geográficos muy determinados, esencialmente en las ciudades
Por un lado, esto genera externalidades positivas allí donde surgen mercados de trabajo globalizados muy productivos. El inconveniente surge cuando aparecen las externalidades positivas únicamente en ciertas zonas mientras que el resto se ven “deslocalizadas”.