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Por último, los TLCs del s.XXI poseen otra característica que los hacen (muy) diferentes: la estrategia geopolítica. Y es que llevamos años en los que el escenario bipolar de los años 70-80 se ha transformado en otro multipolar en el que no existe un bloque económico claro que rija la gobernanza mundial.
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i bien la creación de la OMC y el resto de organismos supranacionales han intentado suplir las fallas de la gobernanza mundial, ante su estancamiento institucional, los países han decidido hacer la “guerra por su parte”.
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Con ello han perseguido el establecimiento de acuerdos bilaterales con terceros países, con el objetivo de a (muy) largo plazo tener más influencia y “aliados económicos” con los que regir los estándares regulatorios, medioambientales y laborales de las próximas décadas.
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En un mundo en el que el multilateralismo está en crisis, las potencias del Sudeste Asiático junto con los BRICs, cada vez quieren ir ganando más peso en la gobernanza mundial, y con unos Estados Unidos que no sólo están en retirada del liderazgo mundial, sino que su nuevo presidente pareciera que quisiese torpedear cualquier atisbo de acuerdo multilateral entre países, quizás estos nuevos TLCs tengan un “sentido” muy profundo para la Unión Europea.
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Un sentido más relacionado con el rol de la UE en el mundo, necesariamente en revisión como consecuencia del Brexit, más que con la expansión de mercados y la desregulación
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Con esto no pretendemos decir que los nuevos TLCs sean positivos por estas características, sino que hay que enmarcarlos dentro de este cambio de paradigma a nivel mundial.
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Es decir, el CETA, quizás también el TTIP cuando resurja, y otros tratados recientemente firmados con países como México o Corea del Sur (y que por cierto, no han recibido nada de críticas políticas), no son más que intentos de la UE por reactivar ejes geopolíticos como el Atlántico, ante un mundo en el que bien podría quedar aislada de las relaciones comerciales una vez que el eje transmisor de nuestras relaciones (los países anglosajones) pueda dejar de ejercer como tal
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Con todo y tras este repaso, pensamos que evidenciar las características de los nuevos TLCs y los costes de la apertura es, como mínimo, un ejercicio que ha de hacerse.
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De lo contrario la imagen que puede percibir la opinión pública acerca de qué es el comercio internacional y cómo nos puede beneficiar, puede quedar totalmente trastocada, a menos, eso sí, que nuestro objetivo sea precisamente éste.
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Según la compañía, los combustibles fósiles -petróleo, carbón, gas natural y gas licuado del petróleo- satisfacerán dos tercios de la nueva demanda de la energía en el mundo.