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Fernando Olivo
Resistencias
En ese punto es donde aparece el primer obstáculo al arrollador avance del tv star y magnate inmobiliario devenido político: sólo un día después de su toma de posesión, muy flaca de público según las fotos, millones de mujeres en decenas de ciudades de EEUU –y del mundo- salieron a rechazar su reconocido carácter misógino y la amenaza que representa para todas las conquistas del género. Lo peor, sin embargo, fue que las mujeres reunieron, remolcaron y reimpulsaron a una miríada de sectores opositores que tras la derrota y la sumisión de Bernie Sanders ante Hillary Clinton habían quedado huérfanos y dispersos. En consecuencia, obligaron al partido demócrata, que aún no atinaba ni a lamerse las heridas, a volver a la batalla con lo puesto. Incluso el establishment republicano encontró motivos para hacer observaciones sobre algunos nombramientos y resoluciones del nuevo gobierno.
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Fernando Olivo
La respuesta de Trump fue de manual: contra la opinión y las aspiraciones de propios y extraños, comenzó a utilizar como armas arrojadizas contra todos ellos las prerrogativas más discrecionales del presidencialismo. A fuerza de decretazos, que en EEUU se llaman ilustrativamente “órdenes ejecutivas”, puso en marcha lo más artificioso y autoritario de su programa: muro con México, quita de fondos a programas para la interrupción del embarazo, derogación del modesto programa de salud de Obama, retiro del país del tratado comercial Transpacífico y denuncia del TLCAN, detención y expulsión de inmigrantes, y prohibición de entrada a residentes y turistas provenientes de siete países musulmanes. Verbalmente, alentó la ocupación definitiva de Territorios Palestinos por parte de Israel, celebró el Brexit y llamó a que más países rompan con la Unión Europea, aumentó la dotación de armas pesadas en Corea del Sur, e intensificó los bombardeos en Yemen y Afganistán, entre otras medidas.
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Fernando Olivo
La inefable y abarcadora frase de Bill Clinton está más vigente que hace 25 años, cuando se abría la época dorada de la apertura de las economías planificadas al capitalismo global, espejismo que algunos confundieron con “el fin de la historia”. Un cuarto de siglo después, el sistema está sumido en la crisis más profunda de su historia, y los caminos a tomar a partir de aquí son inciertos. Trump es la máxima expresión actual de una receta que se ha probado más de una vez a lo largo de esa historia. Los llamados “populismos”, especialmente en sus versiones nacionalistas o derechistas, se repiten los últimos dos siglos. Citando sólo las cumbres de tales experiencias, se cuentan Napoleón III en la Francia derrotada por Alemania, Mussolini en la Italia de la primera posguerra, Hitler en la anterior crisis mundial. Y decenas de expresiones similares de menor envergadura, como menor haya sido el imperio en el que hallaron campo para sus andanzas.