Por su parte, la producción mundial de bienes y servicios (medida por el PIB a precios constantes) ha crecido a un 4% desde mediados del siglo XX. Pero, lo que es igualmente relevante, desde 1950 el PIB per cápita ha crecido un 2,2% en media anual.
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Por su parte, la producción mundial de bienes y servicios (medida por el PIB a precios constantes) ha crecido a un 4% desde mediados del siglo XX. Pero, lo que es igualmente relevante, desde 1950 el PIB per cápita ha crecido un 2,2% en media anual.
¿Corroboran estos datos que estaríamos condenados a una deflación monetaria eterna? No precisamente, aunque de ser así veremos más adelante que no sería la peor de las plagas bíblicas, ni mucho menos. De acuerdo con cualquier análisis y versión de la ecuación cuantitativa del dinero, que ya estaba detrás de los planteamientos realizados por los escolásticos españoles de la llamada Escuela de Salamanca (siglos XVI y XVII), el exceso de la oferta de un bien como el dinero, en ausencia de más bienes y servicios que comprar en el mercado, se reflejará en inflación y viceversa. Pues bien, tomando los datos antes señalados, parece que el crecimiento anual de la producción de oro podría ser suficiente para abastecer a la economía en crecimiento; ello unido a la creciente capacidad de los intermediarios financieros de crear nuevos medios de pago electrónicos que cada vez requerirían menos el uso ordinario de la moneda de reserva (el oro). Por tanto, los temores a una gran deflación monetaria por falta de oferta de producción de oro parecen infundados.
A resultas de la crítica anterior, se sigue afirmando que, en todo caso, una vez implantado, la aplicación el patrón oro conduciría a episodios de deflación dañina, depresiva de la actividad y el empleo. Pues bien, de nuevo tenemos una amplísima evidencia empírica bien documentada y estudiada para países como el Reino Unido, EEUU o España(3) que muestran sencilla y rotundamente que no es cierta esta crítica. Asimismo, en un proyecto patrocinado por la GoldMoney Foundation(4), un grupo de investigadores hemos podido recopilar estadísticas monetarias y de la economía real de ocho países (EEUU, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Países Bajos y España) que permiten concluir que esa crítica carece de fundamento empírico.
El Reino Unido, país de referencia del patrón oro clásico, pero también en países de la “periferia” del patrón oro y otros que ni siquiera formalmente adheridos a él, como fue el caso español, vivieron la convivencia de etapas de crecimiento económico con deflación. También hubo períodos de inflación, pero en media se alcanzó auténtica estabilidad de precios durante más de medio siglo.
cuando digo estabilidad de precios no me refiero a la estabilidad de la inflación, sino a la del nivel de los precios; de modo que, por excepcional que parezca, el nivel medio de los precios en la España de 1870 era prácticamente igual que el de 1914. Por tanto, estamos en condiciones de afirmar que sí hubo en la mayoría de los países del patrón oro, y en los “periféricos” como España, episodios deflacionistas pero fueron de naturaleza y efectos benignos, como las han denominado Bordo, Lane y Redish (2004).
Quien sea un economista conocedor de la obra de los autores de la Escuela Austriaca de Economía no debe sorprenderse por ello, ni temer por el suceso de toda deflación. En absoluto. Como bien nos enseñaron, no eran más que bajadas de precios resultado de mejoras de la productividad y de la propia expansión de la economía; lo que, en presencia de mercados de bienes verdaderamente abiertos a la competencia, conducía naturalmente a la bajada de los precios. Por ello, estos los autores de esta Escuela criticaron fuertemente las políticas de estabilización de los precios que no hacían sino inyectar dinero en el mercado para impedir esas deflaciones (benignas).
Eso sí, hablamos de deflaciones que en media pueden considerarse realmente moderadas. Así fue el caso de España que registró en la segunda mitad del siglo XIX, entre otras, caídas benignas de precios que se manifestaron en alrededor de una tasa del 1% de deflación en tendencia. Por tanto, como grandes economistas como F. Hayek o G. Selgin se han encargado de aclarar mucho antes y mejor que yo sin duda (véase Hayek (1928), Selgin (1999), Castañeda (2005 a, b)), esta fue una clase de deflación que poco tiene que ver con la que acompañó a la caída de los precios de los años 30 del siglo pasado; caracterizada precisamente por todo lo contrario: contracción y desplome de mercados, inestabilidad financiera y caída masiva de la producción y del empleo.
Es a este tipo de deflaciones y no a las caídas benignas de los precios que estamos aquí describiendo, a las que se puede aplicar certeramente la famosa crítica de Irving Fisher a la deflación, por acabar en una especie de espiral perversa de deflación y deuda que acabaría por empobrecer a los deudores y a lanzar la economía a una nada deseable y larga depresión económica
Criticar al patrón oro por producir variaciones ocasionales de los precios al alza o a la baja no tiene realmente sentido. Y es que se critica al patrón oro por aplicar precisamente sus reglas esenciales de funcionamiento.
Los banqueros centrales de aquellos años no tenían por objetivo, como sí tienen penosamente ahora, la estabilización del nivel de los precios y, menos aún, la de una tasa de inflación positiva (si bien reducida, como lo es el 2% de inflación en la actualidad). Tan sólo habían de preocuparse por mantener la convertibilidad de las emisiones de billetes en oro a la paridad anunciada y comprometida, lo que constituía toda una regla de disciplina monetaria.
Eso sí, una regla sometida de cuando en cuando al “shock” de las peticiones de financiación privilegiada del Estado (vean si no el susto de la “vieja dama” caricaturizado por J. Gillray ante la “petición” de financiación del primer ministro británico de entonces). Por tanto, el banco central no manejaba entonces la oferta monetaria para controlar las fluctuaciones de los precios, para evitar una inflación o una deflación; y mucho menos para estabilizar las fluctuaciones de la actividad.
Era un tiempo en que los precios y los salarios eran ciertamente flexibles al alza y a la baja, dado que los mercados de bienes y de factores eran mecanismos más eficientes en la reasignación de los recursos que lo son ahora; por lo que las variaciones de los precios ante variaciones de las condiciones de la oferta estaban a la orden del día.
Para terminar de completar las principales críticas de naturaleza económica al patrón oro, señalaremos una que Ben Bernanke sintetizó perfectamente en la conferencia mencionada antes. Sus críticos afirman abiertamente que era una regla monetaria que no permitía el grado de discrecionalidad o flexibilidad necesaria a los banqueros centrales para dirigir la política monetaria con un ojo puesto en la “estabilización de la renta” (el otro ojo ya lo tienen ocupado los banqueros centrales en “estabilizar la inflación”). De nuevo, se critica al patrón oro por ceñirse precisamente a su propio y genuino funcionamiento.
Y es que el patrón oro, a diferencia de las reglas monetarias recientes bajo patrones cien por cien fiduciarios, era una regla mucho más rígida y creíble que las actuales: el requisito de convertibilidad se mantenía y, con ello, la disciplina en las emisiones de dinero, salvo por el suceso de verdaderas catástrofes de índole política o natural, como podía ser una guerra. Sólo bajo estas circunstancias podía el banco central suspender la convertibilidad; pero, claro, cuando el país está en riesgo de invasión, bien parece lógico cambiar las prioridades y apoyar a la financiación de un Estado en verdaderos apuros de todo tipo.
Otra sociedad
Era además otro tiempo el del patrón oro clásico, previo al nacimiento de la macroeconomía moderna, en su sentido académico reciente; donde el patrón oro casaba perfectamente con una manera bien distinta de la actual de entender la economía dentro de una sociedad liberal y de mercado, caracterizada por: (1) La libertad de comercio, (2) La disciplina presupuestaria, que se traducía en el cierre anual equilibrado de las cuentas públicas y (3) La disciplina monetaria, por la que el banco central sólo permitía el crecimiento monetario que podía convertir en oro “a la vista” y en todo momento.
Todo ello resultaba en un Estado mínimo (10-15% PIB) en comparación con el peso actual de todo lo que se viene en llamar el Sector Público en la economía (entre el 35-50% del PIB en los países desarrollados); y, por tanto, en una intervención mucho menor del Estado como agente ocupado en la asignación de recursos y en la redistribución de la renta.
Los futuros sobre oro cayeron bruscamente durante la mañana de la jornada de negociación de este lunes en Europa, pues los inversores consideraban el informe sobre empleo del viernes menos decepcionante de lo previsto.
El Departamento de Trabajo de Estados Unidos anunció que la economía de la nación creó 160.000 empleos, su menor aumento desde septiembre y muy por debajo de las expectativas que apuntaban a un aumento de 202.000. La tasa de desempleo se mantuvo anclada en el 5,0%
El único dato positivo del informe es que la remuneración media por horas aumentó un 0,3% u 8 centavos, haciendo subir la tasa anual hasta el 2,5% frente al 2,3% de marzo
El metal precioso se vio también lastrado por las declaraciones de un funcionario senior de la Reserva Federal, que indicaba que los tipos de interés de Estados Unidos podrían subir antes de lo previsto. El presidente de la Fed de Nueva York, William Dudley, anunció que era razonable esperar dos subidas de los tipos este año, a pesar de los datos que indicaban que el crecimiento laboral ha aumentado en abril a menor ritmo de lo previsto.
El índice dólar, que sigue la evolución de esta moneda con respecto a una cesta de otras seis divisas principales, avanzó hasta 94,04 al comienzo de la jornada de este lunes, su cota más alta desde el 28 de abril. Finalmente se situó en el 93,92, con un avance del 0,1% en el conjunto de la jornada.
En lo relativo a la división Comex del New York Mercantile Exchange, el oro para entrega en junio se negoció a 1.280,50 USD, mínimos de la sesión, desplomándose un 1,1%, para después recuperarse ligeramente y situarse en 1.282,15 USD por onza troy a las 2:45, hora de la costa este (las 8:45 en España), retrocediendo un 0,92% u 11,85 USD.
El oro se disparó el viernes un 1,71% o 21,70 USD. Los precios avanzaron un 0,29% o 3,50 USD la semana pasada, su segunda subida consecutiva, ante los indicios de que la Fed procederá con lentitud y cautela a la hora de subir los tipos de interés este año.
Una subida gradual de los tipos supone menos amenaza para los precios del oro que una serie de pequeñas subidas bruscas.
Los precios del metal precioso han registrado un avance de en torno a un 20% en lo que va de año pues se desvanecen las expectativas de que la Fed normalice los tipos de interés debido a los temores suscitados en torno a la ralentización económica global.
El oro es muy susceptible a las modificaciones de los tipos de interés de Estados Unidos, pues una subida haría aumentar el coste de oportunidad de los activos sin intereses como los lingotes.
De cara a la semana que comienza, los inversores seguirán pendientes de los informes económicos de Estados Unidos para comprobar si la mayor economía del mundo es lo suficientemente robusta como para sobrellevar más subidas de tipos en 2016 a la espera de los datos sobre ventas minoristas que se publican el viernes. Además, la atención se centrará en las declaraciones de media docena de portavoces de la Fed, pues los traders buscan indicios acerca de cuándo se llevará a cabo la próxima subida de los tipos de interés de Estados Unidos.
Por otra parte, la plata del Comex para entrega en julio se dejó un 0,67% u 11,7 centavos hasta 17,41 USD por onza troy durante la mañana de la jornada de negociación en Londres, mientras que los futuros sobre el cobre retrocedieron un 1,72% o 3,7 centavos hasta 2,117 USD por libra.
Los precios del cobre que se negocian en Nueva York se desplomaron un 5,62% u 11,7 centavos la semana pasada, su mayor descenso semanal desde principios de 2015, ante las preocupaciones suscitadas en torno a la economía china.
El domingo se publicaron los datos comerciales mensuales, que indicaban que tanto las importaciones como las exportaciones descendieron más de lo previsto en abril, lo que contribuía a las preocupaciones acerca del estado de la segunda economía del mundo.
Las exportaciones se desplomaron un 1,8% con respecto al año anterior, a pesar de las expectativas que apuntaban a un descenso del 0,1%, mientras que las importaciones se dejaron un 10,9% frente a los pronósticos que hablaban de una caída del 5,0%. Esto provocó que el superávit de China se situara en 45.600 millones de USD el mes pasado, según la Administración General de Aduanas.
El Gigante Asiático publicará también el martes los datos de abril sobre los precios de la producción y los precios al consumo, seguidos de los informes sobre producción industrial, inversión en activos fijos y ventas minoristas que se publican el viernes.
China es el mayor consumidor de cobre del mundo y concentra casi el 45% del consumo mundial.
Los futuros del oro bajaron durante la sesión asiática el Viernes.
En la división Comex de la New York Mercantile Exchange, Los futuros del oro para entrega en Agosto cotizaban a 1.220,02 doláres estadounidenses la onza troy. Al momento de escribir este informe están cayendo en un 0,27%.
Tempranamente alcanzó un mínimo de sesión de doláres la onza troy. El oro probablemente encuentre apoyo en los 1.216,50 y resistencia en los 1.242,60.
El Futuros Índice dólar, el cual reporta el comportamiento del dólar estadounidense frente a un grupo de otras seis divisas principales, se elevó un 0,15% para cotizar en 95,72 doláres.
Por otra parte, en el Comex, La plata para entrega en Septiembre cayó un 0,70% para cotizar a 15,871 la onza troy mientras que El cobre para entrega en Septiembre cayó un 0,23% para cotizar a 2,655 doláres la libra.
– Los precios del oro apenas registraron variaciones y se mantuvieron dentro de un rango limitado durante la jornada del jueves, pues los inversores permanecían cautos a la espera de los próximos datos económicos de Estados Unidos y la reunión sobre política monetaria del Banco Central Europeo.
En lo relativo a la división Comex del New York Mercantile Exchange, los futuros sobre oro para entrega en abril oscilaron en un pequeño rango de entre 1.255,00 USD por onza troy y 1.259,30 USD por onza troy.
El contrato de abril cerró con un avance del 0,1% para negociarse a 1.258,00 USD por onza troy durante la mañana de la jornada de negociación en Europa.
Los futuros sobre oro se dispararon este miércoles hasta los 1.274,50 USD por onza troy, la cota más alta desde el 27 de enero, para después recortar ganancias y negociarse a 1.256,90 USD por onza troy, avanzando un 0.46%.
Era posible que los precios encontraran un soporte en 1.240,40 USD por onza troy, su mínimo desde la jornada del 3 de febrero, y una resistencia en 1.276,70 USD, su máximo desde el 27 de enero.
Mientras tanto, la plata para entrega en marzo se negoció a 19,98 USD por onza troy, avanzando un 0,9%. El contrato de marzo alcanzó este miércoles los 20,33 USD por onza troy, la cota más alta desde el 24 de enero, antes de recortar ganancias hasta alcanzar un precio de liquidación de 19.80 USD por onza troy, apuntándose un alza del 1,97%.
Los futuros sobre oro se dispararon este miércoles hasta los 1.274,50 USD por onza troy, la cota más alta desde el 27 de enero, para después recortar ganancias y negociarse a 1.256,90 USD por onza troy, avanzando un 0.46%.
Era posible que los precios encontraran un soporte en 1.240,40 USD por onza troy, su mínimo desde la jornada del 3 de febrero, y una resistencia en 1.276,70 USD, su máximo desde el 27 de enero.
Mientras tanto, la plata para entrega en marzo se negoció a 19,98 USD por onza troy, avanzando un 0,9%. El contrato de marzo alcanzó este miércoles los 20,33 USD por onza troy, la cota más alta desde el 24 de enero, antes de recortar ganancias hasta alcanzar un precio de liquidación de 19.80 USD por onza troy, apuntándose un alza del 1,97%.
Las ganancias de este miércoles con respecto al oro se producen después de los recientes datos ofrecieran un panorama desigual de la economía estadounidense.
Según el Instituto de Gestión de Suministros (ISM), el índice de directores de compras del sector no manufacturero registró el pasado mes una lectura de 54,0, avanzando con respecto a la de 53,0 de diciembre. Los analistas habían previsto que el índice avanzara hasta 53,7.
Los datos se conocen después de que la compañía de manejo de nóminas ADP indicara que el empleo no agrícola del sector privado avanzó el mes pasado en 175.000 personas, en términos estacionalmente ajustados, por debajo de las expectativas que apuntaban a un incremento de 180.000.
Aunque no se considera una referencia fiable para pronosticar los resultados del informe de empleo del Gobierno previsto para este viernes 7 de febrero, sí que ofrece cierta orientación sobre la evolución del empleo en el sector privado.
Los actores del mercado aguardan ahora la publicación de datos económicos clave de Estados Unidos prevista para el transcurso de la jornada, pues esperan brinden nuevas indicaciones sobre el rumbo que tomará la política monetaria de la nación.
Estados Unidos dará a conocer su dato semanal sobre solicitudes iniciales de subsidio por desempleo así como información sobre su balanza comercial.
La Reserva Federal aseguró que estará muy pendiente de los indicios económicos antes de seguir reduciendo aún más su programa de estímulos económicos.
El banco central redujo su programa mensual de adquisición de activos en otros 10.000 millones de USD, hasta fijar su aportación en 65.000 millones de USD al mes en su última reunión sobre política monetaria.
Los inversores estarán también pendientes de los resultados de la reunión sobre política monetaria del BCE, que se celebrará en el transcurso de la jornada. Aunque no se esperaba que el banco efectúe cambios en su política, la atención estará centrada en las indicaciones prospectivas y las pistas sobre una posible futura relajación.
En cuanto al resto de la división Comex, los futuros sobre cobre para entrega en marzo repuntaron un 0,45% hasta los 3,203 USD por libra.