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Los nuevos límites a los negocios estadounidenses apuntarán al Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA), una compañía militar con amplia participación en negocios en Cuba, incluido el sector hotelero, dijeron las fuentes, que hablaron bajo condición de anonimato.
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Sin embargo, no estaba claro si las nuevas reglas prohibirán a los visitantes estadounidenses gastar dinero en hoteles estatales y restaurantes. Los detalles dependerán de las regulaciones que serán redactadas en los próximos meses por el Departamento de Comercio y el del Tesoro, que tendrán la tarea de convertir el memorando en política.
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Pero incluso si retrocede en la distensión que Obama alcanzó con Cuba, Trump no cerraría la embajada ni rompería las relaciones diplomáticas restablecidas en 2015 tras más de cinco décadas de hostilidades, según los funcionarios.
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Tampoco revertiría otros cambios tangibles realizados por su antecesor demócrata, incluida la reanudación de vuelos comerciales directos entre Cuba y Estados Unidos, aunque su política más restrictiva seguramente enfriará los nuevos lazos económicos en general.
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Trump justificará las nuevas medidas en gran medida debido a motivos de derechos humanos. Sus asesores aseguran que el alivio a las restricciones impulsado por Obama no ha logrado avances en libertades políticas en Cuba, pero sí beneficiaron financieramente al Gobierno de Raúl Castro.
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Sin embargo, grupos internacionales de derechos humanos dicen que reinstalar la política de aislamiento sobre la isla podría empeorar la situación al empoderar a los sectores de línea dura cubanos. El Gobierno de Castro ha dejado en claro que no será presionado hacia reformas políticas a cambio de vínculos diplomáticos.
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Bajo las revisadas reglas de viajes, las fuentes dijeron que habrá una verificación más estricta de las 12 categorías legales autorizadas para poder viajar a Cuba, lo que podría ahuyentar a muchos visitantes, temerosos de recibir fuertes multas.
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Desde que en el verano de 2013 la Reserva Federal de EE UU anunció el fin de sus compras de deuda la volatilidad en los mercados financieros aumentó, especialmente en países emergentes. Esto unido al frenazo en seco del comercio mundial y la burbuja que se formó en la Bolsa china en 2015 explican las tensiones actuales. La caída de los indicadores adelantados de PMI de EE UU y China esta semana no permiten ver la luz al final del túnel del comercio mundial. Menor crecimiento implica menores beneficios empresariales y, por lo tanto, un precio de las acciones más bajos.
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En China el consumo crece un 10%. El problema es que sus empresas sobreinvirtieron y ahora muchas de esas fábricas no tienen demanda y rentabilidad suficiente para devolver los créditos. Y lo mismo en países productores de materias primas. La milenaria historia de las crisis de deuda agravada por unos mercados financieros que han crecido en exceso y sin control con gran capacidad de generar inestabilidad, tanto cuando llegan los flujos y crean burbujas como cuando se van y provocan crisis. El G20 se comprometió tras la quiebra de Lehman a mejorar la gobernanza global de los mercados, pero aún está todo por hacer.
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La eurozona está en estancamiento secular con una tasa de inversión cinco puntos de PIB inferior a la de 2007 y continuó disminuyendo en 2015. La acción decidida desde 2012 del BCE permitió depreciar el euro y Europa salió de su segunda recesión exportando, principalmente a emergentes. Pero las exportaciones europeas se frenaron en seco el pasado verano, las españolas con peor comportamiento que Alemania, Francia e Italia, y seremos el área más perjudicada por la crisis global. Europa necesita un plan de estímulo fiscal, con inversión pública financiado con eurobonos. De momento tenemos un estímulo antiterrorista en Francia de dos décimas de PIB y el estímulo alemán por los refugiados que llega tarde y seguramente será insuficiente.