El análisis del pasado mes de octubre arroja como nota dominante la fuerte caída que sufrieron los mercados. El MSCI World se dejó un 7,3% y se anotó su peor comportamiento desde mayo de 2012. Con la excepción de algunas materias primas, ninguna de las grandes clases de activos actuó como refugio para los inversores.

La ralentización económica es, hoy, un hecho: el Fondo Monetario Internacional ha rebajado sus previsiones de crecimiento del 3,9% al 3,7% para los dos próximos años y el crecimiento europeo ha mostrado signos de atonía durante el tercer trimestre: se situó en el 0,2% (tasa no anualizada), su nivel más bajo de los últimos cuatro años, y el crecimiento anual llegará a duras penas al 1,8 ó 1,9% en 2018.

La volatilidad de las acciones estadounidenses volvió a situarse por encima del 20% durante la mayor parte del mes, un nivel que anteriormente solo se había alcanzado a comienzos de año. No obstante, la economía estadounidense, que supone más del 25% del PIB mundial, crece con fuerza (el PIB creció un 3,5% durante el tercer trimestre, gracias a la fortaleza del consumo interno).

Con respecto a la economía europea, los inversores se preocupan especialmente por las persistentes incertidumbres políticas. Más aún cuando se establecen en un contexto macroeconómico que, a día de hoy, no es especialmente favorable para el viejo continente.

En esta situación marco tras la corrección de los mercados mundiales, y aunque pensamos que el crecimiento europeo ha tocado fondo durante el tercer trimestre y rebotará de aquí a finales de año, en nuestra asignación de activos preferimos en estos momentos la bolsa estadounidense frente a la europea. Aumentamos, así, la exposición a la renta variable estadounidense para aprovechar un rebote de aquí a finales de año. El crecimiento de los beneficios empresariales rondará el 22 por ciento en 2018, gracias sobre todo a la reforma fiscal, y creemos que debería alcanzar niveles próximos al 10 por ciento en 2019 por la solidez del crecimiento económico.

Por otra parte, hemos decidido continuar con la reorientación gradual de nuestra asignación sectorial hacia empresas más defensivas revisando al alza la recomendación sobre el sector de la producción alimentaria y a la baja el sector químico hasta un posicionamiento neutral, y reduciendo nuestra exposición a las empresas de pequeña y mediana capitalización. No obstante, seguimos expuestos al sector tecnológico, sobre todo a través de nuestra asignación temática en las tecnologías disruptivas.

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En Europa, el descenso de los márgenes descuenta ya un escenario de ralentización pronunciada en el crecimiento económico y nuevos descensos de los indicadores adelantados en el sector manufacturero. Además, el ratio precio-beneficios previsto a doce meses se encuentra en su nivel más bajo desde 2014. A diferencia de Estados Unidos, las revisiones de beneficios de las empresas son negativas en su mayoría y los flujos hacia las acciones europeas deberían seguir siendo escasos por los riesgos políticos y comerciales. Por estos motivos, seguimos siendo prudentes en renta variable europea, con un posicionamiento neutro.

En cualquier caso, y como siempre, desde Mirabaud Asset Management proponemos una gestión activa y flexible. Analizando compañía por compañía. Porque si algo nos han demostrado los mercados a lo largo de la historia es que, cuando caen, surgen muy buenas oportunidades de compra. La clave: apostar por valores de calidad.