La ilustradora Marisa Morea, autora de 'I will always love you (Amores, rupturas y canciones que han hecho historia)', elabora una playlist con temazos que ayudan a elevar el tono dramático del final de una relación.

“Ser felices y comer perdices le pasa solo a unos pocos”. Lo afirma Marisa Morea en su libro I will always love you. Amores, rupturas y canciones que han hecho historia (Lunwerg). En él, la ilustradora bucea en el origen de algunos temazos de amor que han nacido a partir de las relaciones más explosivas (cuando iban bien… y cuando no) del mundo de la música: El sensual Je t’aime… moi non plus de Jane Birkin y Serge Gainsbourg; las notas de With god on our side que cantó Joan Baez junto a Bob Dylan en el Festival Folk de Monterey y que sería el principio de su historia de amor; el tema Henry Lee, cuyo vídeo capturó el flechazo PJ Harvey y Nick Cave, “sin ensayos ni coreografía previa”…

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“La palabra ‘siempre’ me aterra. Sobre todo a continuación de un ‘Te quiero’. Nunca he dicho “Te querré siempre” y no me acuerdo si alguna vez me lo dijeron. De esta absurda fobia a la eternidad y mi fascinación por la música nace este libro”, dice Morea, en cuyas páginas también detalla algunas de las rupturas más dramáticas de la historia del rock.

Y como es precisamente durante estas rupturas amorosas cuando tenemos la costumbre de deprimirnos, entrar en barrena y cogerle gusto a poner, una y otra vez, el temazo más triste que se cruza en nuestra vida, S Moda le ha pedido a Morea que elabore una lista con esas canciones que nos pondrán fácil elevar el tono dramático del momento. He aquí 16.

1. He Needs Me, de Nina Simone (Little Girl Blue, 1958)

“Nina Simone grabó esta canción para su álbum debut con 25 años y, siendo muy joven, canta con una profundidad demoledora. La dependencia emocional es la peor de las adicciones”.

2. Crazy, de Willy Nelson (And Then I Wrote, 1962)

“Aunque esta canción la popularizó Patsy Cline a mí me conmueve mucho más cantada por su autor, Willie Nelson. El amor cuando no sale bien es un atentado para la salud emocional. A pesar de eso, ¿repetimos?”.

3. Katy Song, de Red House Painters (Red House Painters I, 1993)

“Mark Kozelek, letrista atormentado por excelencia, nos regaló la devastadora Katy Song en el primer álbum de Red House Painters. De estos que te dejan diciéndote que es porque te quieren demasiado”.

4. Words, de Low (I Could Live in Hope, 1994)


“Low forman parte de los grupos slowcore de los 90, el género musical más melancólico. Su tempo lento y letra oscura hace que recurra a esta canción cuando estoy triste”.

5. Say Yes, de Elliot Smith (Either Or, 1997)

“Elliot Smith se quitó la vida con el cambio de siglo y nos quedamos sin uno de los compositores más intimistas y personales. Su música refleja su personalidad lúgubre y atormentada y Say Yes es un testimonio de su gran talento”.

6. Waiting For You To Come, de Spain (She Haunts My Dreams, 1999)

“¿Alguna vez te dejaron y estuviste semanas esperando escuchar sus llaves abriendo la puerta? Spain, qué nombre tan curioso para una banda de Los Angeles, se mueve entre el folk y el slowcore. Su frontman, Josh Haden, es el hijo del recientemente fallecido contrabajista de jazz, Charlie Haden”.

7. All I Need, de Radiohead (In Rainbows, 2007)

“Estuve dudando si incluir esta canción o Knives Out, de su álbum Amnesiac, de 2001. La colaboración entre el cantante Thom Yorke y el guitarrista Johnny Greenwood es un tándem ganador que lleva desde 1985 haciendo discos soberbios”.

8. Don’t Give Up On Me, de Solomon Burke (Don’t Give Up On Me, 2002)

“El mito del soul de los 60 grabó cuatro años antes de fallecer esta oda al perdón, conectando con las nuevas generaciones tras la aparición de este tema en la serie adolescente The O.C., de la Fox. La gente no cambia, o sí”.

9. A Lack Of Color, de Death Cab For Cutie (Transatlanticsm, 2003)

“Ben Gibbard ha escrito tantas canciones de desamor que podríamos hacer una lista solo con ellas. Ésta es de cuando no había Whatsapp, pero sí contestadores en los que cagarla a las tantas de la madrugada”.

10. Jelly, de Christina Rosenvinge (Continental 62, 2006)


“Tras seis años viviendo en Nueva York, Christina Rosenvinge volvió a España para separarse de su pareja, pero con este maravilloso disco bajo el brazo. Jelly se arrastra y te recluye para ser testigo de una relación que está medio muerta. Observas cómo agoniza mientras te niegas a decirle adiós”.