Suelen ser los villanos de la película del mundo de las emociones. Muchos buscan evadirlos, casi como si fueran malas palabras. Pero lejos de lo que se cree no hay sentimientos buenos o malos; por el contrario, querer taparlos lo es.

"No llores, que me vas a hacer llorar a mí también". "No te enojes que quedás mal". ¿Quién no se topó con algunas de estas frases? Parece que enojarse o estar triste está prohibido, como si pretendiéramos vivir en un mundo de felicidad ideal.

Pero sabemos que esto no es real. "Siempre digo, la gente se ríe en cualquier lado y la risa es una expresión permitida y socialmente aceptada, pero en general las personas se encierran para llorar".


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Primero, lo más importante: las emociones no son ni buenas ni malas, sino la respuesta a lo que sucede. "Hay emociones imprescindibles para una buena calidad de vida, como la gratitud y el asombro, que sólo podemos alcanzar cuando somos capaces de mirar con ojos de niño, sin asimilar lo nuevo a lo ya conocido. Otras emociones pueden traer problemas, tanto físicos como psíquicos (resentimiento, rencor, preocupación) y devienen de reprimir o desplazar las emociones básicas como frustración, insatisfacción, envidia, bronca, irritación, tristeza, entre otras.", explica la doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra.

Esto quiere decir que ninguna de ellas es mala, sino que están para avisarnos que algo debe cambiar en el afuera, si es posible, o en la manera en que estamos mirando la situación.

Las distintas emociones interactúan en el universo anímico de cada una de las personas, no les tengas miedo ni sientas que sólo te sucede a vos. Lo que tenemos que saber es que es necesario gestionarlas saludablemente y esto dista mucho de pretender no enojarse o no entristecerse.

El licenciado Schujman explica que la salud emocional tiene que ver con transitar cada una de las emociones "porque todos nos enojamos y la rabia es una sensación necesaria, por ende es fundamental transitarla y gestionarla, igual que la tristeza. Todos tenemos celos, envidia, no hay emociones buenas y malas, lo bueno y lo malo depende de qué hacemos con ello" y ejemplifica que si ante el enojo, en vez de habilitar ese sentimiento lo reprimimos, estaremos dotando de negatividad ese estado, causando grandes malestares.

¿Se viene el estallido?


Si te encontrás frente a sentimientos que consideres negativos, lo primero que debés hacer es tomar conciencia y estar atenta para detectar cuál es la vía de expresión más adecuada para transitarlo.

Por ejemplo, si estamos frente al enojo se puede tomar un objeto como la clásica pelota antiestrés o realizar una caminata tanto para liberar tensión como para alojar la tristeza. "El error está en pensar que el camino hacia la felicidad no está atravesado también por cierta cuestión en torno al sufrimiento", sentencia Schujman.

Tomar dimensión de esta realidad para poder actuar sobre ella desarrolla la inteligencia emocional, fundamental para desenvolverse. "Hoy está comprobado que sin una buena inteligencia emocional no hay buena calidad de vida, no sólo es importante para tener vínculos afectivos (amistades, pareja, relación con padres e hijos) sino en lo laboral", suma Moreschi.

Paula Herrero tomó conciencia de los beneficios del manejo de las emociones después de tener a su bebé: "Ramiro es sietemesino, lo que hizo que esté internado en cuidados neonatológicos. A partir de ese momento todo cambió, los temores e inseguridades afloraron en mí como nunca en mi vida. Esos días fueron de mucha angustia por no saber qué iba a pasar y mis emociones parecían tener avida propia. Hasta ese momento era de esas personas prejuiciosas acerca de mostrar mi vulnerabilidad, por lo que no me permitía estar triste frente a otros ¡y ni qué hablar de llorar! La verdad es que ese momento extremo que atravesé me cambió radicalmente la forma de pensar y ver cómo vivimos las emociones. El llanto era algo que ya se había apoderado de mí y que veían desde mi mamá o mi pareja, hasta las enfermeras".

Dicen que de las crisis se aprende. Si lo pensamos, a ninguna le gustaría pasar una situación de este estilo, menos con un hijo de por medio, pero a veces -y sólo a veces- la felicidad también conlleva algo de sufrimiento. Eso fue lo que le pasó a Paula: "Esa terapia de shock, como yo la defino, me ayudó a ver lo sano que es poder expresar nuestros sentimientos, en ese momento fue porque tenía una preocupación mayor, la salud de Rami, por lo que si alguien me veía llorar, me importaba poco lo que pensara, y creo que eso me inmunizó y hoy me permito estar triste y llorar, y quien quiera verme que lo haga y quien no, no", finaliza.

Los especialistas concuerdan en que poder legitimar emociones propias y ajenas y buscar herramientas y estrategias para afrontar cada una de ellas es el camino para desarrollar la inteligencia emocional. Ten presente que todas las emociones son aceptables y son parte de esto que es vivir, por lo tanto, todas son buenas, ya que cumplen una función. El miedo por ejemplo nos habilita la supervivencia; si no lo tuviéramos, no tendríamos la capacidad de resguardarnos ante una amenaza. Busca transitar cada una de las emociones y que el afán de ser felices no las tapone.